La Plantación Kingsley es un viaje al pasado

By: Lillian Seays

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A través de los años, la histórica Plantación Kingsley se ha mantenido como el único vestigio visual de la esclavitud en Florida.

Un espeso toldo formado por robles y cipreses cubre la estrecha media milla de camino de tierra, por donde un flujo intermitente de visitantes llegan al dramático lugar que alguna vez fue la residencia de esclavos. Estas cabañas de 200 años de antigüedad confirman que ha llegado a la Plantación Kingsley — el único vestigio visual de la esclavitud en Florida.

Esta plantación está en el extremo norte de la Isla Fort George, el lugar más al sur de la cadena de islas Sea Islands en el océano Atlántico, en Jacksonville. El lugar está ubicado dentro de las 46,000 acres de la reserva natural Timucuan Ecological and Historic Preserve, que es un refugio para aves amenazadas como la cigüeña de cabeza pelada, el azulillo pintado y otras 340 especies más.    
   
Los visitantes aquí sienten como si estuvieran transportándose al pasado. Las construcciones históricas en este lugar – la casa de la plantación, la cocina (que es una estructura aparte), el establo y las cabañas de los esclavos – fueron hechas por los esclavos a finales de los años 1700 y a principios de 1800. Zephaniah Kingsley, por quien la plantación lleva su nombre, fue el dueño que estuvo más tiempo en este sitio. Kingsley se casó con una esclava de 13 años de Senegal, Anta Madgigine Jai, la cual él compró en La Habana. Los dos se mudaron a la Isla Fort George en 1814. En Florida, Anta era conocida como “Anna Kingsley”.

De acuerdo a las leyes españolas, Anta, quien fue emancipada por Kingsley, pudo ser dueña de su propia tierra y esclavos, además de contribuir a la administración de la plantación. Sin embargo, cuando España perdió control de estas tierras con Estados Unidos, los legisladores redujeron los derechos civiles de los esclavos emancipados. Zephaniah, que quería asegurarse de que su esposa e hijos no fueran declarados esclavos después de su muerte, se mudó en 1837 con Anta y sus dos hijos a Haití, una república negra libre. Sus dos hijas, esposas de adinerados hombres blancos, se quedaron en Jacksonville.

Hoy en día, la casa de dos pisos de la plantación todavía está en pie, mirando a la orilla del río Fort George, que fluye hacia el océano Atlántico a una milla en el horizonte. El constante zumbido de las cigarras y el canto de los pájaros continúan, y la casa principal todavía contiene algunos de los muebles y vajillas que pertenecieron a Kingsley.  
     
La durabilidad del establo y de lo que queda de las casas de los esclavos – originalmente habian 32 edificaciones pequeñas en donde vivían entre 60 y 80 esclavos, de los cuales quedan 25 – se debe al “tabby”, un tipo de cemento creado con conchas de ostras trituradas mezcladas con cal, arena, agua y conchas enteras. Se dice que el tabby es el resultado de la combinación de conocimientos de Africa Occidental, España y de los indios americanos. Una vez que el tabby se endurecía, las paredes eran cubiertas con estuco de cal para alisarlas. Estas edificaciones han aguantado 200 años de uso y de estar expuestas a la naturaleza, y son considerados unos de los mejores ejemplos de construcciones hechas con tabby del país.       

Kingsley creía en la esclavitud, pero se dice que era un dueño de esclavo más humanitario que la mayoría de los demás, y que era más sensible a las necesidades de de ellos que otros dueños. Bajo su dirección, la plantación funcionaba con un “sistema de asignaciones”, en donde la tierra era dividida en secciones de un cuarto de acre y cada esclavo era asignado una actividad específica para ese sector, como sembrar, escardar o recolectar. Cuando los esclavos terminaban con sus tareas, ellos podían encargarse de atender las necesidades de sus familias. Según cuenta la leyenda, en los días lluviosos los esclavos se refugiaban en el establo donde intercambiaban historias, cantaban y hasta organizaban reuniones.    

También ubicado en este sitio hay una huerta en donde se reproducen las cosechas que eran sembradas en la plantación en aquel entonces. Sorgo, caña de azúcar, maíz, naranjas, maní, calabazas, quingombó y algodón ocupan casi un cuarto de acre. Hace algunos 200 años, trabajar con ciertos cultivos como el índigo (que contiene un ingrediente cancerígeno) y el arroz podían reducir significativamente la expectativa de vida de un esclavo.   

La Plantación Kingsley es mucho más que una atracción histórica, especialmente para la comunidad afroamericana. Este lugar ofrece una conexión con el pasado y es una fuente de orgullo para los afroamericanos ya que el trabajo de sus ancestros todavía se mantiene en pie como una prueba excepcional de talento, valor y resistencia.

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