Centro Adrienne Arsht le da un brillo cultural a downtown Miami

    By Saundra Amrhein

    El sol se pone en el horizonte de Miami, cuyas edificaciones relucen como diamantes sobre un cielo aterciopelado mientras los vehículos empiezan a llegar por la entrada del Centro de Artes Escénicas Adrienne Arsht. El personal del servicio de aparcamiento espera uniformado de negro a los asistentes, que se bajan llevando blazers o chaquetas de traje, vestidos largos y tacones.

    Tras varias décadas de construcción, el Centro y sus dos macizos edificios se extienden como enormes pilares sobre Biscayne Boulevard. Por todo lo que su interior ofrece —desde obras de Broadway hasta conciertos de orquestas sinfónicas internacionales, desde funciones de ópera y ballet clásico hasta representaciones de las más grandes estrellas del jazz, la comedia y el rock— el Centro se ha convertido en un pilar de otra índole.

    Ubicado en el corazón de lo que han llamado un renacimiento cultural, el Centro de unos 53,955 metros cuadrados ha sido un aporte importante al fenómeno que está dando a conocer a Miami como centro artístico mundial. Proyectado desde la década de 1970, se inauguró en el 2006 y pronto fue bautizado como la “nueva plaza central” de Miami.

    En la zona norte del centro de Miami, el Adrienne Arsht está en medio de lo que alguna vez fuera una deteriorada ruta que ahora se desarrolla explosivamente: unas pocas cuadras al sur de Biscayne Boulevard, el Museo de Arte Pérez de Miami—valorado en $131 millones— abrió sus puertas a finales del 2013, y varios kilómetros al norte se abre la tripleta ganadora de Wynwood, Midtown y el Distrito de Diseño con sus murales públicos, concurridos paseos de arte, restaurantes de fama mundial, colecciones, diseñadores y bloques de apartamentos de lujo. El Centro también incorpora estrenos mundiales y funciones transmedia, así como la exitosa galería y exposición de arte anual Art Basel Miami Beach.

    Además de estas opciones, ahora los lugareños y visitantes pueden disfrutar en el Adrienne Arsht de representaciones que quizá hayan pasado por Miami hace años, entre ellas, obras de Broadway como Les Miserables y El Rey León.

    “No teníamos lugares que presentaran ese tipo de espectáculos”, apunta Suzette Espinosa, la vicepresidenta adjunta de relaciones públicas.

    El peculiar estilo latinoamericano e internacional de Miami también admite una programación única como, por ejemplo, el muy concurrido Festival de Flamenco anual, con bailaores, cantantes y músicos venidos de España, y los conciertos dominicales de música góspel que se ofrecen gratuitamente varias veces al año, cuando el coro local del Adrienne Arsht se presenta junto con estrellas del góspel y potentes coros eclesiásticos locales de los diversos barrios de Miami.

    “Simplemente, no es posible montar algo así en muchas comunidades de Estados Unidos”, afirma Espinosa. “Sin embargo, en Miami se nos da de maravilla”.

    Esta noche, los asistentes en fila para entrar al concierto de Aaron Neville y la Dirty Dozen Brass Band ven solo parte de la magia que tiene el Adrienne Arsht. Los visitantes pueden disfrutar de un tour completo de las instalaciones todos los lunes y sábados al mediodía. Se les conducirá al interior de los dos edificios a ambos lados de Biscayne Boulevard e inmediatamente se les irán los ojos al cielo en sus vestíbulos, cuyas paredes principales se componen de 10 pisos de cristal, mientras que sus paredes contiguas están decoradas con portillas de estilo art déco, todo obra del arquitecto César Pelli. Allí admirarán pisos de terrazo tallados con paisajes diurnos y nocturnos, así como barandillas de cristal grabado a lo largo de los vestíbulos, todo obra del artista José Bedia.

    En el Teatro de Ópera y Ballet Ziff —sede del Ballet de la Ciudad de Miami, la Gran Ópera de Florida y el programa Broadway in Miami Series que ofrece el Adrienne Arsht — los visitantes recorrerán el silencioso teatro con sus 2,400 butacas afelpadas de color verde, las hileras de palcos laterales, la platea y los cuatro niveles superiores contemplando boquiabiertos la cúpula acústica que rota artísticamente en el techo. Llegarán al enorme escenario —sede de producciones como Romeo y Julieta— cuya profundidad y anchura bastaron para alojar cómodamente a 1,000 personas en 100 mesas durante una función reciente.

    Pasarán por el restaurante Prelude by Barton G, en el que, antes o después de las funciones, tanto los asistentes como quienes no tengan boleto pueden disfrutar de platillos como, por ejemplo, pollo marroquí, raviolis con champiñones silvestres y pescado relleno de cangrejo al horno, entre otros. En su recorrido, pasarán entre paredes cubiertas de obras del programa Art in Public Places, entre ellas, el colorido mural Ways of Performing de Cundo Bermúdez, así como por espacios escénicos más pequeños como el Estudio Teatral Carnival, un teatro tipo caja negra de 200 localidades que presenta obras pequeñas y compañías regionales.

    Un puente peatonal les permitirá cruzar Biscayne Boulevard para ir a la Sala de Conciertos Knight, de 2,200 localidades, que es sede de la Orquesta Sinfónica del Nuevo Mundo y presenta artistas tan diversos como Smokey Robinson, Whoopi Goldberg y Natalie Merchant. Pasarán por camerinos y salones y conocerán una interesante cámara de insonorización que amortigua y bloquea el sonido de aviones, tormentas y demás ruido del exterior.

    Sin embargo, todo esto —la arquitectura, las obras de arte en las paredes, las funciones mismas— constituyen solo una parte de toda la alquimia del lugar. Otra gran parte reside en lo que tendrá lugar esta noche, mucho después de iniciadas las funciones, en un piso por debajo de la Sala de Conciertos Knight.

    “¡Lo más importante del estilo de Nueva Orleans es la percusión!”, señala Melton Mustafa durante una animada lección de jazz de Nueva Orleans que forma parte de Jazz Roots: A Larry Rosen Jazz Series, uno de los muchos programas educativos del Centro.

    “Cuando venga la parte rápida, quiero que todos se levanten y cojan la onda”, les dice Mustafa, un importante jazzista y profesor de música de la Universidad Conmemorativa de Florida, a los 150 estudiantes de jazz de escuela secundaria de todo el Condado Miami-Dade. Ha dispuesto a unos en un coro a su derecha, a otro grupo haciendo percusión con los pies a su izquierda y a dos más en la caja y el bombo, mientras él toca la trompeta y el resto del público hace de címbalos vocales.

    “Quiero que marchen”, les dice Mustafa a los alumnos a su izquierda sonriendo ampliamente y pisoteando al ritmo de la música. “¡Quiero que suenen como címbalos”, a la mitad de los alumnos sentados, “y que la otra mitad diga ‘jei’! El objetivo es divertirnos”.

    Cuando termina la lección, empieza una clase de historia del jazz de Nueva Orleans dictada por Robert Grabowski, músico y profesor asociado de la Universidad Internacional de Florida. Y después llega la hora de que los estudiantes hagan fila para subir a los asientos delanteros de la sala de conciertos y ver la prueba de sonido de la banda de Aaron Neville.

    Más de 30,000 alumnos de Miami-Dade se benefician de los programas educativos del Adrienne Arsht todos los años, entre ellos, 1,000 estudiantes de jazz de escuela secundaria que disfrutan de la serie Jazz Roots, y varios cientos de alumnos que asisten al campamento de danza Alvin Ailey que ofrece gratuitamente el Adrienne Arsht todos los veranos. En el pasado, la serie de jazz ha incluido temas como jazz latino, piano jazz y jazz brasileño, muchas veces con sesiones de preguntas para alumnos y artistas antes de los conciertos.

    Jairo Ontiveros, director de educación y participación comunitaria, dice que ha visto personalmente cómo los programas han transformado la autoestima de los alumnos y estimulado su creatividad.

    “Realmente se establece una conexión entre ellos y el artista cuando vienen a este lugar”, afirma Ontiveros cuando los integrantes de la banda saludan amablemente a los alumnos durante la prueba de sonido. Los estudiantes se sienten muy motivados cuando escuchan de los inicios y las dificultades que han enfrentado los artistas. “Empiezan a tomar conciencia de su arte”.

    Efrén Caraballo, bajista y estudiante de 18 años del último año de secundaria, destacó sus efectos antes de que los estudiantes pasaran a las butacas de la parte superior, desde donde disfrutarían el concierto gratuitamente. Dijo que, después de haber conversado con los artistas durante la serie, le resulta más fácil imaginarse sobre el escenario frente a los asistentes que ahora entran en la sala.

    “Son chicos normales y corrientes como yo”, dice Efrén. “Cualquier cosa es posible”.

    CUANDO VAYA: El Centro de Artes Escénicas Adrienne Arsht del Condado Miami-Dade está en 1300 Biscayne Boulevard, Miami. Para más información, llame al 305-949-6722 o visite: http://www.arshtcenter.org/

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